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Are you sleeping, Sinmás? jueves, enero 26, 2006 |

Suelo aguantar tres días bajo el agua, sin respirar; para entonces, y en un alarde de estupidez, nadar rápidamente hacia la superficie, en donde se me hiela la sangre pues allí me sé eternamente vencida.

Me aburrí nada más mirarme y me conté el cuento con el mismo final y no supe llorar cuando ella muere ni tampoco cuando muere él. Definitivamente, no me gusto ni me intereso.

sé conducir con altos tacones de aguja martes, enero 24, 2006 |

Supe que algo iba mal nada más despertarme, nunca soporté el aire caliente de debajo de las sábanas, por lo tanto que mi cabeza se encontrara tapada totalmente y que mis ojos se dieran de bruces con la sábana bajera era un mal síntoma. Intenté destapar mi cabeza para respirar pero mi extremidad braceril no obedecía tan simple orden, quizá tuviera paralizado el cuerpo. Tomé impulso sólo con la cabeza y balanceándola conseguí dar media vuelta y que quedara ésta boca arriba, acto seguido con los dientes conseguí ir bajando la sábana hasta lograr ver y cual no fue mi sorpresa cuando atisbé mi propio cuerpo semidesnudo intentando vestirse y dándose golpes contra pared, puerta, lámpara, cama..

Esto sigue siendo parte del sueño en el que él moría y yo no sabía ni cómo ni a quién llorarle, pensé, en el propio sueño invierto su muerte a un "ha sido un error, luego te cuento", no soporté el dolor y lo resucité, pero esto era diferente y aunque no podía pellizcarme estaba segura de estar totalmente despierta. ¿Qué está pasando? dije a punto de estallar en dos lágrimas (pues no me permitiría más por aquello de no poder enjugarlas), mi cuerpo se quedó por un instante inmóvil y comenzó a gesticular, por suerte me lo conozco tanto y tan bien que sé con cada movimiento lo que quiere decir.

- ¿Qué está pasando? -volví a preguntar.

- Uy qué semblante más desencajado, me atrevería a decir si pudiera verte, pero al no ser así diré, uy qué semblante que no adivino a ver -me dijo con el tono o gesto más chulesco que jamás había interpretado mi propio cuerpo.

- Al menos dime cómo hemos llegado a esta situación, tú sin cabeza moreteando todo mi cuerpo con cualquier saliente por no ver y yo cabeza sola y asustada por no saber cómo huir.

- Ay cabecita, pues no tengo ni idea, sólo sé que al sonar el despertador y creer que se me hacía tarde, pues ya ves, (tú sí, que no veo), he empezado a vestirme tan rápido como obstáculos he encontrado, por cierto ¿lo hiciste a posta? lo de poner los bostáculos digo, retomo cabecita... pues que no lo sé y ahora he de dejarte, llego tarde.

- Eh, espera, ¡cómo piensas trabajar sin cabeza! ¡cómo vas a ver la pantalla del ordenador!, va... llévame, ya veremos cómo arreglamos esto, no me dejes aquí -le dije intentando causar la mayor pena posible.

- (Gesto al que no le hacen falta palabras pues alzó su/mi dedo corazón mientras juntaba los demas con la palma).

- ¡Joder cuán falto de educación estás cuerpo!, creí que había cierto cariño entre nosotros -ahora utilizaría la condescendencia- hablaremos y solucionaremos cualquier problema, pero llévame.

- (De nuevo el gesto).

- Genial, querido cuerpo y ahora dime ¿cómo llegarás al trabajo?, te recuerdo que no ves, pues en el reparto yo me quedé con los ojos, responde.

- Iré palpando pues aún me quedan más sentidos ¿recuerdas?, tacto... -jamás creí poder ver a mi propio cuerpo con semejante tono jactancioso.

- Chocarás, lo sabes, lo has hecho incluso conmigo puesta encima tuyo, así que imagina sin ir yo... - y volví a poner cara de buena- va...

- Pero es que siempre tengo que hacer lo que ordenas, vestir como ordenes, actuar como ordenes, sentir como ordenes... esto mi querida cabeza no es plan de vida, piénsalo. Recuerda que yo poseo el corazón y alma y sufro más que tú.

- Ya, va, vale... se hablará de todo, ahora peíname y lávame y con un poquito de esparadrapo me pegas a ti ya veremos más tarde solución a dar.

Y de camino al trabajo me dijo:

- Oye, cabeza, con esta recién adquirida personalidad propia podría estar dándote collejas hasta finalizar el día -dijo.

- Sí podrías, lo que no quiere decir que lo hicieras, vamos sería un acto cruel, somos sangre de la misma sangre, piel de la misma piel. Por cierto, llevas la camisa del revés.

Y de camino al trabajo me fue pegando collejas celebrando motivos, decía: por los botas de tacón de aguja plas, por no quererte plas, por no cuidarme plas, por no mimarme plas, por no ser egoista plas, por removerme tripas plas plas plas, por asustarme plas, por arrancarme pelos plas, por obligarme a hacer ejercicio plas plas plas.....

jueves, enero 19, 2006 |

podría decir que

estoy en no estar
excepto los días de no ser -los días traviesos-
que juzgan tormentas
y atisban abismos con salida
de tiesto, de madre, de lugar -donde no recordar-.
Gusto enamorar en lunes
para el viernes tenerlo superado
y ni una palabra, luego de lamentaciones
aburridas.
Hazme un jueves
te doy un lunes
y lloro contigo en la despedida
con viento fresco
con tiento rápido
de nefasto proceder;
en continuo movimiento
habilito rincones en
búsqueda al principio, al
final
quiero como tú
igual que tú.

el autoengaño como supuesta autoayuda (con título gris y comenzando en minúscula). domingo, enero 15, 2006 |

Personalmente, estoy convencida de que no es solución, de que ni tan siquiera se aproxime a ello, del peligro que conlleva de desgaste (por posible futura atrofia del alma), de que sólo hace que el proceso natural -aunque lento de dejar de tener en la memoría lo que se tenía (por paso del tiempo)- se interrumpa momentáneamente y haya que volver a retomar casi desde el principio, lo cual es contraproducente para la intencionalidad de la supuesta y pretendida autoayuda.

Pero hay días y momentos de naturaleza verdaderamente siniestra en los que se me hace absolutamente necesario recurrir al autoengaño. Éste siempre ha de ser controlado, en caso contrario, si quedas atrapado en el, sería absurda la existencia pues se viviría en un universo paralelo donde nada es real. Este proceso es muy visual, caigo y cuando estoy a punto de tocar el inframundo del lado del suelo donde no quiero estar utilizo una pequeñita dosis de autoengaño y de inmediato asciendo y me tranquilizo (miento). Así, sin más.

Por supuesto, esto no se lo recomendaría a ningún amigo, ni conocido, ni tan siquiera al que, de un suave tirón, me arrancó mi preciado bolso.

Nota de la autora: sólo recurrir al autoengaño en caso de no tener acceso a otras alternativas.

viernes, enero 13, 2006 |

La Pequeña Esri Lhanca citi.

De como se creó el pueblo y acabó por llamarse Esri Lhanca citi.
Parte II.

- Ya verás como te voy a querer -le dijo a la primera mexicana de ojos grandes y rasgados con la que se topó al bajarse del barco.

Lo siguiente fue mirar inquisitorialmente a su alrededor intentando averiguar en que país se encontraba. El último recuerdo que tenía era una gran borrachera de recién cumplidos los dieciocho y haberse echado a dormir junto unos contenedores, sobre unas cajas, en el puerto, cree. Ocho días más tarde, según su crítico cálculo, se despertó en un barco de bandera tailandesa, junto a una tripulación de ojos rajados junto a piel amarillenta y de los que no entendía absolutamente nada. Durante el singular trayecto sólo logró entender una palabra Sri Lanka, cuando uno de ellos no dejaba de repetirla y con el dedo índice señalarse y con cara interrogativa señalarle a él, ante lo que él decía Yo llamarme Germán Anacoreta, encantado Esri Lhanca, gracias por la comida, buena, buena.

- Si me mantienes esa mirada un ratito más te llevo conmigo a dondequiera que yo vaya -le dijo a la segunda mexicana de ojos negros y rasgados con la que se cruzó.

Sin posibilidad de regresar a su España natal hubo de buscar lugar donde dormir para la primera noche y sustento para el resto de días, corría el año mil ochocientos ocho. Con previsión de quedarse sólo el tiempo necesario para pagarse el pasaje de regreso Germán Anacoreta permaneció en México durante treinta y ocho años.

- Avísame cuando me quieras que te hago un huequito en mi corazón y me enseño a quererte -le dijo a la tercera mexicana a la que paró y preguntó por hospedaje.

El segundo día de permanencia en la ciudad de Mexico encontró trabajo, paseador de perros de grandes y ricas señoronas. De ocho de la mañana a ocho de la noche paseaba, señor él, tantos perros como le cupieran las cuerdas que los ataba a su mano.

- Podría quererte hasta en la otra vida, si en esta te vienes conmigo te haré sonreir en las dos -le dijo a la cuarta mexicana a la que un perro ladró.

Cansado de andares ligeros tras ocho perros andarines decidió cambiar de profesión por otra, cuanto menos, más lucrativa. Durante ocho minutos pensó y se decidio por ser entregador de flores de novios que aman a novias, por la noche robaba flores de los jardines de las grandes y ricas señoronas dueñas de los perros a los que paseó y por el día escribía versitos cortos para entregar con flor a novias tristonas y melancólicas de novios bravucones.

- Si te contara lo que revolvieron mis tripas al verte no querrías separte del resto, todo, lo que las envuelve -le dijo a la quinta mexicana a la que llevó una flor de un novio llorón.

Pero cansose de ir Méjico arriba Méjico abajo con flores a novias tristonas y melancólicas, porque éstas le contagiaban durante ocho minutos las ganas de derramar lágrimas. Y decidió en ocho minutos pensantes nueva ocupación, y se decantó por cantante de rancheras con ligero tono andaluz. Y así estuvo durante ocho noches amenizando calles, bares, plazas, estanques y demás.

- No creo que exista amor más tácito que el que acabo de sentir por ti, pídeme que lo mantenga durante ocho segundos más y tú me creerás-dijo a la sexta mexicana con la que se cruzó pero que ni casi vio.

Ronco de tanto cantar y con el bolsillo también ronco de frío abandonó la profesión de cantante por la de hablador cariñoso a gallinas ponederas para el digno aumento de huevos, y así durante ocho segundos escribía y escribía versos que luego recitaba con infinito tesón a toda gallina que quiso acercársele.

- Con ese lindo caminar y mi manera de recitar no quiero ni pensar los hijos que podriamos dar, así pues ven que te cuente.... -dijo a la séptima gallina que por delante le caminó pues no se encontraba allí mexicana a la que decir ni mú.

Aburrido de tanta ave y sintiéndose con poca atención prestado pensó en sucesivos ocho segundos en la siguiente profesión, y ya que junto al monte estaba y nostálgico de montes andaluces se sintió, se decantó por hacerse hacendado de la industria maderera y así lo hizo. Terrateniente se hizo, tierras y montes. Troncos que cortar. De acaudalado bolsillo.

- Te querré menos que tú a mí pero lograré hacer que algo te apriete dentro -le dijo la primera mexicana que se le plantó brava y él, sin remedio, sucumbió.

De regreso a España, tras los treinta y ocho años y con su mexicana y con su apretar dentro, pensó, durante ocho largos segundos, en su dedicación al llegar. Rico, riquísimo construiría un pueblo de habitantes con nombres raros, con administraciones arrejuntaditas en un sólo edificio, de gente feliz y cuyo único requisito será estar enamorados, conseguiría mantenerlo apartado de todo. Dedicaría otros ocho segundos a pensar en el nombre a dar.
Una vez construido pegó un cartelito que decía así:

Bienvenidos a Esri Lhanca citi.

La Pequeña Esri Lhanca. martes, enero 10, 2006 |

De como fue parida Violenta Ama. Parte I.

Sucedió un dieciséis de agosto de mil novecientos cuarenta y seis, la tormenta más grande jamás imaginada se había posado violentamente sobre La Pequeña Esri Lhanca citi. La noche se tornaba día de iluminado resplandor por instantes y el cielo se quebraba y explosionaba con cada trueno, Dios debía andar de supino cabreo, pensaban los dos mil seis habitantes del pueblo porque cuando la tormenta perpendiculeaba por encima justo de sus cabezas sabían que Dios y Belcebú andaban en disputas por almas cada uno en un extremo del universo lanzándose rayos, truenos y centellas.
En esos precisos instantes a María Terca se le repetían las contracciones al son de los truenos y así con el más gordo parió una niña arrugada, rojita y de lento chillar por el atronador grito de la parturienta, en el expulsamiento de la que era feto, que apagó el estruendo bestia del trueno. Y sostenida en mano, bocabajo, era la neonata por su progenitor, Valentín Nadie, cuando ambos absortos ampliamente embobados quedaron mirándola y al unísono dijeron, Violeta, se llamará Violeta Ama, para que en ella sea dueña su alma. Y ambos dos, tan perplejos quedarón de su unanimidad compartida de corazón al nombrar la que cuelga que durante seis cortas horas seis no pudieron dejar de mirarse con singulares complices sonrisas y con el deseo que quema y con desenfreno y con la agonía cruel de morir sin el otro y con anhelos del roce de los sus lenguas y con el recrujir de sus almas y con el tintineo de sus muslos... hasta que la niña desvanecida en el berreo por hambre de alimento deja el lloro vehemente agotada a los que no oyen y éstos que ahora escuchan descruzan miradas, las que ahora a ella cruzan, y disponen en leche dar.
Tras horas de compromiso de vida con el mismo parecer, convienen en inscribirla en el registro, así pues Valentín Nadie se arma de valor en el abandono corto y se dirige al edificio ubicador del registro vil (pues se calleron dos letras y así quedó y nadie protestó) que por cierto tambien acoge a los casamientos y los juicios y las reprimendas y los pedires y los dares y así hasta un medio infinito. Él rápido, para su vuelta más, que llega que toca timbre y que pide inscripción; el otro, el del otro lado de la mesa, que busca libro gordo de "Inscripciones de nombres de los que nacen, viven y posteriormente mueren en La Pequeña Esri Lhanca", libro que no encuenta, que busca pluma, pluma que cae, que busca silla, silla de respaldo nervioso, que busca chaqueta que frío tiene, chaqueta que puesta ya puesta va, que busca monóculo, monóculo que con esparadrapo ya tiene pegada al ojo, que busca respirar, y respirando dice ¿y qué nombre le darás?, Valentín Nadie con los nervios de la prisa en las venas le responde Violeta, se nombrará por Violeta Ama. El viejo escribiente que para mejor ver se aleja tres cuartas más, cuatro, de la página en blanco pues las cataratas de sus nublados ojos ya poseen tres dobleces, cuatro, afina lengua, la punta y afina pluma, la punta y entorna ojos para afinar. Y así que el escribiente va escribiento pulso firme hundiendo la pluma mientras canturrea... Violeta que con uve es, uve de violenta y pierdo la cuenta, como la be de bensaja pero baja y hago una raja, la i de ibsenta si esta existienta, la o de odolor si la o quieres repitor, la ele... pues un palo pa arriba, la e de un ven que te quedes que te recuerdo mirando al norte, con frío mientras te dibujo un sur... que me olvido, la... pues la... y el otro, el padre añorante, que implora pronto acabe, y el otro, el cataratero escribiente que obedeciente así inscribinte a la niña:
Del año de nuestro señor mil novecientos cuarenta y seis viene a nacernos VIOLENTA AMA con padre que de prisa es y yo escribiente que veloz es, pues hoy es dieciséis de agosto es.

El padre que del revés, del otro lado, relee y ve que asemeja el nombre con violencia como violeta como Violenta que queda.

- Valentín Nadie dice: ¿Pues no ve que ha escrito Violenta Ama, en lugar de Violeta Ama? ¿Pues no ve que lo escrito se confunde con Violencia?.

- Escribiente Cataratero dice: Pues si releo eso veo.

- Valentín Nadie dice: Borre y escriba Violeta Ama.

- Escribiente Cataratero dice: Temo no servir sus propósitos pues promesa hice de no borrar nunca lo ya escrito.

- Valentín Nadie dice: Ay, jodidos estamos (y para sí piensa que nunca debió el escribiente escribir, ni aprender a escribir, ni intentar escribir, ni mandar, ni recibir, para sí también piensa que este escribiente tiene la conducción del cerebro a la mano que escribe tan rápida que duele, tan rápido que no piensa pues ya está en la tinta, tan rápido que no siente, tan rápido que mata, y ya no piensa más).

En su vuelta él recuerda que ella siempre le dice que "haces que merezca la pena respirar".

En los siguientes partos, dieciséis siguientes partos, a pesar de ofrecerse Valentín Nadie a ser él el escribiente, éste, el cataratero negándose así escribió.... Atrápalo Quedas por Antonio Estés, Sangrienta Leche por Sigfrida Alimente, Decepcionada Quedas por Alexia Cue, Melocotón Roto, Aliciente Pariente... así hasta dieciséis inscribientes.

martes, enero 03, 2006 |

Aconteceres en el paraíso.
Mentí descaradamente en cuanto a mi profesionalidad como púgil en el boxeo, realmente lo que quiero ser es levitadora. Con tal motivo he dedicado algo de mi valioso tiempo a documentarme sobre mi nueva ocupación, levitar, en total han sido dos agotadoras horas, pero provechosas éstas, rozadoras éstas de un estado en que el alma se siente embargada por un sentimiento de alegría tal que de un pequeño sustito he de volverla a la realidad contándole algunos hechos que por su veracidad me acongojan.

Y discurriendo, discurriendo (pues en ello ha consistido mi documentación) he llegado a las sin iguales conclusiones que a continuación, y sin ningún valor probatorio o científico, detallo:

Condición indispensable es la de ser poseedor/a de una rica vida interior. Yo la poseo pero tan tímida y acomplejada ella, la vida interior, que justito sale al exterior cuando ya es de noche y se ha terminado el baile y las charlas y las fiestas y las celebraciones y las risas y las cenas y los cafés a medias y el exterior... terminado.

Preferiblemente se ha de hospedar en uno mismo una paz interior desbordante. Yo la hospedo pero no está ésta desbordante, al menos no ahora, pero estoy en ello.
Vestir un indescriptible vestido blanco, a ser posible vaporoso. Opcional, pero aconsejable para futuros resultados. Algo habrá por ahí. Hecho.

De menester inevitable será que emocionalmente se esté en modo encefalograma plano, sin sentir. Tres de cuatro conclusiones conseguidas o casi, así que hecho.
Ahora sólo resta la ardua tarea de la elevación, mediante la concentración y la meditación en blanco, sin medios artificiales. Estoy en ello y si no fuera porque el ordenador descansa plácidamente sobre mis piernas creo que mi elevación ya se habría producido. Una vez sea conseguida ésta asustaré a algunos vecinos asomándome a sus ventanas simulando estar necesitada de una pizca de sal, jamás cruzaré mi portal para entrar en casa, directamente mi cuerpo levitador entrará por la terraza, descolgaré a todos los papa noëles decorativos de balcones y ventanas, jamás necesitaré escaleras por lo que estás serán abandonadas a su cruel suerte, podré oler la lluvia a cientos de kilómetros (en todo caso... estudiable).
Seremos dos seres incompletos. Moriremos incompletos. Tú con respecto a mí; yo con respecto a ti, pero de escasa importancia por lo que respecta (a ti). Seré yo y mi cuerpo levitador.