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martes, septiembre 26, 2006 |

Las ranas dominarán la tierra.

Existen días en que, literalmente, soy el último minuto de la Overture 1812 de Tchaikovsky. Ocurre ésto durante un espacio de tiempo tan breve que no cabría mención aquí ni en otro lugar, real ni imaginado, pero eso, como otras muchas cosas, da igual.

domingo, septiembre 17, 2006 |

El día en que todos fuimos caníbales.


Según cuenta una ancestral leyenda:

"En el noveno mes del sexto año del siglo veintiuno dos seres, uno que humano fue y el otro que de mármol fue moldeado y que de tal elemento seguirá siendo, despertarán y extrañados en el tiempo se encontrarán. Pero los dos, insólitos, habrán de decidir si en ese tiempo se instalarán, o si volverán uno a ser espectro asustador o el otro a estar quietito amenazador con frío."
Y sucedió que la leyenda cobra vida y por ende a uno le latió el corazón y al otro el mármol se le hizo venoso, musculoso, oseoso, pieloso... y con los roces que le produjo el salto del mármol a la carne de sus órganos saltó la chispa y le nació un alma. Y aparecen los dos extrañados unos seis siglos después afeados -por la larga dormidera- en Madrid, sentados en sillas púlcramente ordenadas frente una pasarela por la que tipas escuálidas andan levantando rodilla, a modo de patada que te doy, con trapos de colores y de todas formas. Y así hablaron desconocedores:
Miguel Ángel: - ¿Dónde nos hallamos?, dime tú si sabes.
David: - Ay, mi creador creéme si te digo que no lo sé, pues no conozco ni reconozco lugar ni seres humanos.
Ambos dos que miraban luces cegadoras, música atronadora, bullicio ensordecedor y asustados están, tímidamente sorpendidos, grátamente con vida recobrada van diciendo:
- Miguel Ángel: ¿Este, dime, es el futuro que no imaginamos? porque empiezo a temer por la no existencia de alimento, míralas David que paludichas van.
- David: Creador vayámonos, agachémonos para no ser vistos, salgamos de aqueste lugar, ¿sí?.
- Miguel Ángel: hagámoslo, pero yo primero que tú de orientación, creo, no andas fino.
Y así salieron, a gatas, sorteando piernas, pies tambaleadores, patas de sillas... y creyendo el respetable que aquello formaba parte del espectáculo aplaudieron a rabiar semejante originalidad, entre ellas señoronas alegronas aplaudiendo a rabiar al desorientado que desnudo va.
Si pasamos por alto que esta ancestral leyenda es totalmente falsa y recién inventada para, sólo, esta ocasión de escritura rápida y sin tener en cuenta mayor trascendencia, me invito a la escena a la puerta de Pasarela Cibeles esperando un taxi y alegremente me cruzo con ellos.
Miguel Ángel: díganos bella dama (1) dónde nos encontramos, en qué tiempo... -y me contaron su paseo por el tiempo, su extrañeza- y díganos qué hacer.
Yo, la bella dama: Sólo puedo decirles que dando consejos soy tan nefasta como alguien que da malos consejos y si tienen en cuenta lo anterior y continúan queriéndolo yo les diría que... pues que... raduos y veloces huyan como almas que lleva el diablo y vuelvan pasados unos siglos a ver si hemos arreglado estos y otros muchos tinglados que tenemos montados. Y por amor de todos los dioses menores y alguno mediano-les dije pues no estaba segura de su credo, tan segura de lo que decía que temí por mi anterior inseguridad- vuelvan en un par de siglos... que seguro ya habremos arreglado algunos errores, malentendidos, trifulcas y demás desasosiegos. ¿Compartimos el taxi? ando un tanto perdida.
Y así acabó la leyenda ancestral, compartiendo taxi con uno de ropajes extraños y otro desnudo y blanquito. Su desaparición posterior fue entre abrazos y un "ya nos veremos" que no cumpliré por los motivos consabidos de que mi vida acabará en unos veinte, treinta, cuarenta o con mucha suerte unos cincuenta años. A puntito estuve de preguntarles cómo habían logrado el viaje en el tiempo o cómo habían hecho posible el resucitar, uno que vida tuvo y otro que de mármol fue y será, pero sería inútil pues me lo tendría que responder a mí misma, pues yo lo ideé y no tengo respuesta que me responda, e inventarla de manera loca y absurda me llevaría un texto tal cual éste, y eso, mejor otro día.
(1) Nota de la autora: licencia de la autora, porque sí.

sábado, septiembre 09, 2006 |

¿
Supe que sería mi amada nada más verla. Me quebró la voluntad y me cubrió los centros dejándolos complacidos, presumidos, satisfechos... y hasta tal punto lo hizo que la dejé conjugar mi hiel a voluntad.

Fuimos dos en cada caso y en nuestros primeros momentos de ser, y sin dilación, ni a mirarme se atrevió y ¡ay vive Ionesco o Elvis! que ella dio ser.

Me rendí, como la condesa que se relame y llora ante la sangre, con sus porqués y me refiero a esos que abrazan el "por" y el "qué" y que acentúan a éste último, porque nos acercaban de tal manera que casi podía respirarla mientras ansiaba aspirarla. Buceamos en líneas, yo principio, ella fin.
Desde el final me susurraba que nos imaginaba navegando -invitando a la condescendiente que no me lee-, libres. He de aclarar, llegados a este punto, que para nosotros no existen veleros sino velesos... pero esto es demasiado doloroso de recordar por lo que estoy en terminar.

Creanme cuando les digo que en el entendimiento morimos creyendo que sería un para siempre y que reglas ya escritas prohibían separación de nosotros.
Pero nos vino el fin escrito. Y desaparecí pues no me escribían. Sólo contaré que la primera vez que fui invisible me dolió el alma y se me pudrió.
Y ahora no sé qué hacer pues las decisiones de los que escriben y me omiten al iniciar una pregunta y la dejan a ella sola al terminarla me provoca vivir en el más profundo de los abismos y lo que es el mayor de los suplicios es vivir sin ella, sin ella al final de la frase cerrándola y sonriéndome. Sé que sólo soy un signo iniciador e inquisitivo pero tengan en cuenta que siempre fui obligatorio al inicio de un enunciado interrogativo y que han sido otros idiomas invasores los que me han relegado al olvido más terrible que pueda imaginarse.
Suyo de ustedes se despide ¿

viernes, septiembre 01, 2006 |

El hombre tableta.

Si hurgas bajo su piel todo es limpio. Todo está colocado de modo conveniente. Esmerado en la equidistancia de sus órganos, de venas con toboganes sin miedo y sangre contenta que las recorre divertida. De músculos educados en el pedir permiso antes de la contracción y huecos que podrían ser rellenados con mares tranquilos. Sus tejidos son de mañanas de domingos silenciosos y alentadores.
Pero un día se aburrió hasta el extremo y sintió verdadero rechazo de la perfección de debajo de su piel y convino consigo mismo en dominar el mundo desde su tableta abdominal. Pintó cada uno de sus cuarterones de un color diferente y dio nombre a cada uno de ellos, te escribiré algo loco, le puso al primero, veleso amarrado con ese y vaya capa de moho ha creado la sangría al segundo y tercero, por ese orden, tres en un colchón al cuarto, al quinto le llamó yo no duermo en el sofá, prefiero el suelo sobre una manta y por último al sexto cuarterón le puso por favor hagamos la quema de la falda morada de la que dice te den la muerte a pellizcos.
Con el mundo a su merced eligió un séquito de dos por las que se hizo acompañar. Y todo estuvo bien, salvo cuando se aburría y que le daba por jugar a Don Simón con su tableta, sus colores y sus nombres.
¿Ves cómo te dije que escribir se asemeja muchísimo a un estado de libertad rozado y que ahí puedo hacer lo que quiera?.