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jueves, octubre 27, 2005 |

Cambio un número ilimitado de sinmás por una cómoda caja de cartón

Hay mil razones para meterme una caja de cartón y en un minuto, porque no poseo más tiempo ya que ando ocupada en su búsqueda y consecución, enumeraré varios cientos de ellas, o no.
Porque no existe el bien y el mal, sólo mi parecer.
Porque allí todo es más fácil y liviano.
Porque no me extraño, ni me busco.
Porque no existe el más tarde.
Porque maldita sea la gracia que me hace estar fuera.
Porque, ahí, mantengo la tranquilidad de los centros, los míos.
Porque me encontraré cuando me busque las cosquillas.
Porque el dios de las cajas de cartón es un gran contador de chistes, dignos de encomio.
Porque tienen, las cajas de cartón, una acústica acojonante.
Porque la combustión, en ella, es más acogedora y ni imaginar la autocombustión porque me relamería de auténtico placer.
Porque, fuera, me muero de miedo.
Porque, dentro, sólo tendré una hermosa, suave, tierna, cálida y sencilla alfombra sobre la que descansará un sólo altavoz donde sólo sonarán los Sonic Youth y una pequeña televisión de plasma con películas de Woody allen.
Porque me podré llamar My Darling y contestarme a la vez, tal que así:
"- My Darling -dije-.
- ¿Sí? -me contesté-." y no morirme de la risa.
Porque existe demasía de afecto o escasez de no entendimiento.
Porque acabaré apartándome de la cara que se me queda cuando soy absoluta e inexplicablemente (falso, tiene explicación, pero es mi caja) imbécil.
Porque Marina D´or, ciudad de vacaciones... dígame, tiene sucursal y todo será puritita diversión.
Porque debo hacerlo.

martes, octubre 25, 2005 |

planchando esquinas y aireando aparcamientos

me temblaron los argumentos
y puesto que no había cimientos
que en contener estuvieran, te digo que...
cuidame un lamento, el que me obliga
a hablarte tan lento para que me lleves dentro;
y de ti, en bacanal, que no consigo
sino en espiral, hablarte de ese lamento
de no tenerte lento y para mis adentros.
Y más, y sumo y sigo y decirte debo que..
ábreme un silencio estrecho
por en el que a oirte me cuele,
pausado, y verte llegar de frente, al mismo tiempo
que compongo, con tiento, una muralla
que no derribe el viento siniestro, pero
en detrimento de lo que siento que es que no te creo dentro
y por eso y por ésto, me quedo de aqueste lado,
que será vedado porque yo me lo he recomendado.
Para saldar finalizando este pretendido lamento,
te digo en un solo momento,
¿qué me das que no te he pedido en ésto?
y que así me deja de obscura faz
desposeida de anverso y reverso
por creerte en otro momento,
y que ya en ti no respiro,
porque así lo he decidido.

domingo, octubre 23, 2005 |

El día que se parió de mal agüero

Conocí, tiempo ha, un tipo en exceso industriado en el arte de la amabilidad, propenso al abuso en complacer. Relato, por puro placer, su historia.

Supe de su exceso de amabilidad un día que se parió de mal agüero. Sucedió en febrero, el mes cojo, el mes desbordante de mala leche y andaba yo igualada al mes –no coja, pero si con mala leche- y heme corriendo en pos de autobús recién escapado, sosteniente de bolsas en mano y stop que paro y hálleme con el mes en la cara y dando media vuelta que giro y me largo, pero oigo frenazo que quema carretera y desgiro el giro anterior y miro. El tipo sufriente de amabilidad hace parar el autobús, coge mis bolsas, me busca asiento y se sienta junto a mí. Traje negro sumado a corbata negra, pero su rasgo más característico y deslumbrante es que de cabeza brota una melena de grandes dimensiones recogida en un glamouroso tupé que a pesar de su volumen no se movía un ápice. Y me dijo así:

- No poseo seguridad en cuánto a la cantidad de dinero o pañuelos o llaves o tarjetas de crédito u objetos que llevo encima, pero pedir cualquier cosa puede, dígame...

- Es usted muy amable –le dije totalmente abrumada- pero no tengo necesidad de nada.

Tras esta introducción reveladora de aconteceres pasó, el tipo, a interesarse por mi estado de salud, mi situación económica, mis circunstancias afectivas... pero yo no podía dejar de lanzarle miradas ojeadoras a ese descomunal tupé, el sabiente de ello percatado ya, me dijo así:

- Observo, sin sorpresa, que mira prudente mi tupé. En cuatro paradas de autobús que le restan –pues ya se interesó por mi trayecto- le resumiré, si así lo quiere, la historia de este tupé –asentí aún asombrada por mi esta sonrisa de aquel día que se parió de mal agüero-. Heredé de mi tía abuela Socorro carácter afable y una propensión a la amabilidad que me hizo conocido y querido. Y sucedió que un día, paseante yo por un bosque, me encontré con tres duendes, dos enanitos de jardín desaseados, un gnomo y media hada –me contó que ésta perdió las zonas bajas en una noche de parranda, pero que no podía darme más detalles, por ser yo aún señorita- me apiadé de ellos, pues andaban perdidos, y les ofrecí vivir en mi tupé, poco a poco ellos lo fueron acondicionando a su gusto y han creado una diminuta ciudad con sus zonas de ocio, industria, servicios, grandes superficies comerciales... todo ello en este tupé que usted miraba de reojo. Pues ya que queda sólo un parada para usted bajar, he de decirle que problema tengo, grave es. Enterose de mi cavidad en cabeza la división española de Papá Noël y andaron rogando, convenciendo, pidiendo que les dejara almacenar en tupé juguetes para estas próximas navidades, y claro yo que amable soy les dije que sí, y almacenes construyeron aquí –y me señala hemisferio craneal izquierdo- enterasen sus majestades los R.R.M.M. de Oriente, y me han pedido igual cometido a lo que yo, también, dije que sí y aquí –señala hemisferio derecho- almacén construyeron, y he aquí mi disgusto porque enterasen de ésto vuecelencia El Corte Inglés e igual pidieron, aún respuesta no tienen porque mi cabeza sufre espantosos dolores debido –me dijo- a extrañas ondas emanadas por las play station que se encuentan ahí –señala cabeza- almacenadas y por un sucedáneo del Tekken que se sabe mediador de entre dos que lucharán (y una será la que venza), a todo ello hay que sumarle el contubernio que se traen los moradores, en huelga de pisotones andan, pues se muestran contrarios a la construcción de almacenes, y mi cabeza central no está en soportar pisotones (el hada da palmetazos pues partes bajas no posee). Su parada en cinco segundos llega.

Y se levanta y me abraza cariñosamente y me entrega tarjeta con sus datos y me dice que ante cualquier contratiempo le llame. Así dice:

- Ante cualquier contratiempo me llamas, -y pone mueca que invita a la sonrisa- menos para pedirme sitio o paraje cabeceril para hacerte segunda vivienda de verano –guiña ojo- aunque si lo necesita pídalo que ya haremos arreglo.

Me quedo sin palabras, se me olvida el día que se parió de mal agüero y sonrío. Bajo del autobús y ya en la acera quedo sonriendo al tipo que tupé cogido a cabeza saca por ventanilla y grito en vuelo, autobús arrancado, dice:

- Sé de la existencia de un regalo en almacén de mi tupé para usted, y si no se lo dije antes es porque no habría podido negarme ante sus inquerimientos.

No dejo de sonreír, a cuadros estoy más aún cuando para poder ser oído corre tras autobús y enorme tupé queda enganchado con saliente de semáforo que en su paso encuentra. Recoloca tupé con ambas manos y continúa voz en grito diciendo así:

- Es bonito, le gustará y le hará feliz.

viernes, octubre 21, 2005 |

Yo vs Yo
Soy una profesional del boxeo. No utilizo guantes, por eso cuando me sangren las manos simplemente procederé a su eliminación, un corte seco y certero y cuestión zanjada.
Asalto tras asalto me voy cubriendo, esquivando puñetazos como losas, suelo sonreir después de cada puñetazo no recibido y encajar lo más dignamente posible los estampados contra mi cara.
Cuando estoy preparada para lanzar un puñetazo, que con toda seguridad deje KO a mi contrincante, pido tiempo muerto, me acerco sigilosamente a él y entre susurros le comento al oido donde van a ir dirigidos mis puñetazos para que así él ejecute cuantos movimientos para esquivarme estime oportunos y precise.
Si decido realizar juego sucio y que mi mano desnuda lance un gancho demoledor por debajo de la cintura del púgil contrario, cuando ésta toca piel del otro ya va tan arrepentida y con tan poca fuerza que parece que acaricia.
Sé dar golpes curvos, golpes a dos manos, golpes que acompañan a direcciones desconocidas, golpes de aliento, golpes que entiendes, golpes que dan risa, golpes de tos, golpes directos breves y sinceros, golpes para querer.
Ahora que me dispongo a dar por finalizado este texto he de ser sincera y decir que realmente no soy una profesional del boxeo. Es más, entre mis virtudes está la de ser la peor entre los peores.
.
.
.
.
.
.
.
.
Cualquier día me reto y acabo avisándome de dónde daré cada golpe y de cómo esquivarlos o bien me abandono y me dejo KO en el primer segundo del primer asalto.

miércoles, octubre 19, 2005 |

Estado de gracia.

Posee una sonrisa que pocas veces ejecuta. Como recurso una palabra que mantiene en secreto -hasta tal punto que está a punto de olvidarla-. Le gusta sentir sus latidos, por eso toca su yugular en el cuello, en el centro no se encuentra.

- ¿Me he perdido algo?
- Sí -contesta el espejo.
- Pero no te miraba a ti.
- Soy lo único que está aqui ¿a quién te diriges entonces?

Un silencio de abdomen.

- Hoy preparaste las maletas ¿te vas?. Escucha, puedes hablar conmigo.
- ¿Con un espejo? No, querido. No he bebido tanto... al menos que yo recuerde.
- Inténtalo, ya dije que no hay nadie más. Dime la palabra que guardas, siempre oí hablar de ella. Dímela.
- Olvídame. Lárgate ya me ocupo yo.
- Soy un espejo ¿recuerdas?.
- Me empieza a pesar todo, probablemente sea el día de hoy, está nublado, no veo el sol, hablan de una vitamina... ¿tú qué crees?
- No sé. No debes preguntarme nada, no sea que te responda y esta sea tuya. Háblame de esa palabra, siempre tuve curiosidad.
- He de salir de aqui. Pero no sé dónde ir ¿tienes algún sitio?
- Sabes que no. Deberías irte a dormir, ya bostezas.
- Pero no quiero dormir, tuve tiempo. Tengo la piel fina de fibra frágil. El tacto me afecta. Me marcho de viaje.
- ¿Volveré a verte? se me hace raro, siempre te vi.
- Encontraré mi palabra y volveré.
- Y dime ¿cuál era?.
- No lo sé, hace tiempo que la olvidé.

martes, octubre 18, 2005 |


10 centímetros.
Vengo de enterrar tu alma
y te cuento
que no protestó ni murmuró.
Sólo yo asistí
¡demonios! pero
te la enterré a poca profundidad,
a unos 10 centímetros,
en el lugar más concurrido que he encontrado
-tocando los tiempos-
no te lo tomes a mal por la de pisotones que te puedan dar.
No es biodegradable
una pena,
pero déjame que te diga
que con suerte
cualquier bicho terrestre subterráneo
la hace suya
y
la reutiliza y amortiza,
es más... con más suerte
un caracol desahuciado, pobre -estoy por llorar por el caracol, no... no tengo tiempo-
podría hacerla su vivienda, y llevar
tu alma a cuestas.
Todos los días paso por encima de ella
y doy un alegre taconeo
tac tac tacatac tac tac tum tum
-aunque
no canto, ni tarareo, por el luto, claro-.

domingo, octubre 16, 2005 |



welcome to my party

Tras adquirir mi dulce hogar fui agasajada, por los primeros amigos a los que invité a pasar unos días -siempre pocos- a casa, entre otras cosas, con este encantador felpudo.
Este hecho no tendría la más nimia importacia sino fuera por lo que sucedió este sábado de madrugada y que a continuación paso a relatar.
Hace años que no celebro mi onomástica, y este año no pretendí variar tal hecho, ya convertido en tradición. Tras felicitaciones de la familia más allegada y de un ex no desmemoriado me dispuse a invitarme a cenar, pero sucedió que en el lugar elegido había demasiada gente, pues poseo como regla importante no cenar sola en lugares con demasiada gente ya que sería el centro de atención de demasiados comensales -y eso aún no está superado-, y como con la intención basta me agradecí efusivamente mi propia invitación a comer. Ya de regreso en casa decidí retirarme pronto a mis aposentos -en realidad duermo en un sólo aposento, aún no he conseguido el desdoblamiento para ocupar "mis aposentos"- y, creo, me dormí con premura.
Disfrutaba de un agradable sueño -pues mi impresión en el alma fue altamente grata, también siendo sincera, para los sentidos- cuando inesperadamente me despertó un timbre. Al primer instante lo achaqué al propio sueño, pero este hecho se repitió, segundo timbre. Ya no cabía duda, estaba desfasadamente despierta. Miré el despertador... las cuatro de la madrugada, imposible una visita amigable, imposible cualquier visita. Sin ejercer ruido alguno me dirigí a tientas por el largo pasillo hasta la puerta de entrada, sin aún encender luz que me alumbre elevé las puntas de mis perfectos dedos en pies de bailarina para echar vistazo por la mirilla, lancé ojeada descubridora pero no vi nada, a pesar de que la luz del rellano permanecía encendida. Media vuelta y me encaminé de nuevo a mis aposentos, al segundo paso tras ese pensamiento de "¡hostias, qué reales son mis sueños" volvió de nuevo a sonar el timbre, esta vez sin cese en su ejecución. De nuevo pies bailarines y miré; lo que vi me creó tal estado de desasosiego e incredulidad que froté mis ojos unas trescientas doce veces por segundo antes de volver a mirar, pero no, no me equivocaba, tras mi puerta se encontraba un rebaño de ovejas todas apretujaditas y en silencio sepulcral sólo derrumbado por el sonido del timbre que no cesaba. No sé cuánto tiempo estuve inmóvil, supongo que hasta que oí una voz con simulado eco que decía:
- Humana ábrenos tan cerrada puerta, pues hemos de entrar para fiesta celebrar.
Sin dar crédito, otra oveja dijo así:
- Humana cuanto antes nos abras antes abandonaremos este pretendido impulso de no dejar timbre descansar, y para ti pretérito será.
Sin acertar a pensar abrí la puerta, despacio, y sólo dejando entrever bolitas de lana, con puerta abierta rajita minúscula, éstas fueron empujando amablemente la puerta entrando una a una, siete minutos estuve con la puerta abierta, seiscientas diez ovejas entraron en fila india todas ordenadas, todas amablemente deseándome feliz día -ni tan siquiera acerté a decir que a esas horas ya había pasado la bendita onomástica- salvo una que me dijo "tú forma de andar -humana- se asimila a la de un calamar- el resto iba entonando cancioncilla felicitadora cambiando, acertadamente, el "amiguito que dios te bendiga" por un "humanita que dios te bendiga" y agachando la cabeza en señal de respeto cuando pasaban delante de mí. La última de ellas traía un objeto graciosamente envuelto en papel de regalo, más tarde al abrirlo descubrí que se trataba de muestras de perfumes, maquillajes, esmaltes de uñas, sombras de ojos, una foto de Erwin Rommel "El zorro del desierto" y unas bolsitas sueltas de menta poleo.
- ¿Qué demonios está pasando aquí? -acerté a decir una vez que la última de espaldas, con su andar de porciones movibles redondeadas, había entrado en el salón.
- Turbada estás, dijeron a nos que celebrábase una fiesta, y vimos nos felpudo que así rezaba, guelcome, y una recreación a oleo sobre felpudo con ovejita y entramos pues invitación vimos, pues toda la noche anduvimos. Saciar sed venimos.
Cerraron puerta y fuera me quedé. A mis aposentos, turbada torné. Oigo miles de brindis ¡¡por la humanita!!, rompiendo copas tras cada uno de ellos, bailan heavy cuando no tangos agarraos, ahora hacen la conga cogiditas de sus patas, y esas patas que corretean por el pasillo stop se plantan frente al lavabo a hacer cola pues no paran de beber, saltan del sofá vía lámpara al mueble aparador, una de ellas llamó a mi puerta y así dijo:
- Tú onomasticada, ¿de algún veinticuatro horas sabrás que a estas horas abierto estará? pues ya se acabó el whisky, el ron, la ginebra.... di, humanita, habla... y abandona esa cara extrañadora pues cuerpo de tango tenemos, di.
Le indiqué tres calles más abajo, primera a mano izquierda tres puertas más allá.
Aún, ahora que me hallo escribiendo esto, continúa la fiesta, varios vecinos han elevado quejas por el patio interior, hago oidos sordos pues no me creerían, yo no lo creo. Todo lo contado ha de ser falso, aunque sigo oyendo "¡pongamos ahora lentas o en su defecto alguna marcha militar!".
.
Nota de la autora: la traducción al castellano de las ovejas ha sido harto complicada pues éstas conocen, hablan y escriben en latín y algunas frases en arameo, por lo que me excuso ante cualquier posible error en la traducción.

viernes, octubre 14, 2005 |

El día que no estabas.

Ocurrió ayer. Ayer fue el día que no estabas. Y siendo sincera en extremo te di por perdido el día de antes de ayer.

Quedemos, con pretendido garbo,
en que, quizá, nunca estuviste.

Andaba perdida, el día antes de ayer, por un instante, creí encontrarme pero no fue así, por lo que ayer decidí abandonarme.



Pero yo sé, yo mantengo, reitero, que sólo ayer fue el día que no estabas. Y aunque sabemos que te di por perdido el día de antes de ayer. Sólo fue ayer el día que no estabas.

Entonces, ¿mañana no te espero, verdad?.

miércoles, octubre 12, 2005 |

ser como el otro

Ser como el otro
en paralelo, para gustar.

- Me temo que acabarás
loco por mis 208 huesos -dice-
y que antes tendré que estirar los 8 metros
de tripa
para que la sigas y me encuentres.

- ¿Sí? ¿No será que escuchaste violines o
no será, por otro lado que por otra parte,
que oliste visceras descompuestas?.
La verdad pierde efecto si la alargas.

- Sí, como mis tripas -díjole mientras con una mano
se las va desanudando-.
Es cierto que mi mano me obedece
incierto que yo sea su dueña.

- Miles de vírgenes se atan a los patíbulos
mientras y en cambio tú desanudas tripas.

- Mi corazón late unas quinientas doce veces
más que el tuyo, a coro y durante algún tiempo
intermedio se cruzan en paralelo ¿lo notaste?.

- No.

- Olvidé decirte que respiro menos que tú
y que a veces se corta y otras se entrecorta
y que puede que en ello me halle.

Cruzando -aposta- sin mirar martes, octubre 11, 2005 |

Soy un ejemplar básico
que podría curvar más la espalda
con sólo medio impulso,
pero debe ser que además
soy hueca
porque nada se me queja por dentro.

Manifiesto mi actitud
a postrimeras
que no es creida ni consentida.

Y estando a cuentas,
pero temporalmente
sumida en no ejecuciones que
denotan
estancia prologanda
excesiva
en el no sitio al que no.


A veces, me oigo latir
igualo al primero
evidencio el siguiente
reto al posterior
compito con el último latido
y le animo.

jueves, octubre 06, 2005 |

the second bito´s play
Personajes
Elizabeth Bathory
Julieta
Jane Fonda
Cenicienta
Olivia Newton John
Nancy (Vicius, Sid´s wife)
Mudito (Blancanieves)
Jezabel
Billy Elliot
Woody Allen
Prólogo
Los hechos que ocurren lo son en la Sala de Apoyo de una institución mental de Helsinki. Con frío congelador de almas, estos nuestros personajes en círculo reunidos, se nos descubren ante quien preside con poder moderador.
Woody Allen.- Bien, esto... (nervioso, cazando palabras) háganme el infinito favor de dejarme el comienzo de esta conversación, en vista de que en anteriores reuniones se limitaron a la charla ligera entre ustedes y ni tan siquiera me dejaron la boca abrir, hoy tiraré de manual, y para tal hecho he elegido uno titulado "manual para humanos en instituciones mentales" (respira él, pues lo anterior debiérase ser leido del tirón pues tal cual él lo dijo). Así que damos comienzo a la terapia, ésta consistirá en (abre libro pero atónico él comprueba que es libro de atrezzo y no de psiquiatría)... pues en... (segundos en que repite monosílabos hasta que algo inventa) que yo les propondré un tema y cada cual en su turno de palabra, pues moderador soy, hablará.
Jane Fonda.- A todo ésto... ¿qué pinta aquí mudito, de qué hablará?, ¿no me digan que no habían pensado antes en que él no habla?, ¿quién ha hecho la lista de componentes de este grupo?
Woody Allen.- Esto... yo... bien... demos la comenzada, digo... hablaremos de baile, sus bailes, cuéntenme, cuéntennos... ay
Todos se miran atentos con la curiosidad de quien comienza.
Mudito.- Mmmm mmm mmm mmmm.
Jane Fonda.- Ya en serio ¿quién ha hecho la lista?
Woody Allen.- (A Jane) Comienza tú misma.
Jane Fonda.- Va. Lo mío va de un baile muy circular por tiempo con dinero deseado y seres jadeantes tras unos sobre otros, maldito. Woody ¿me interpretas lo que acabo de decir? (sonríe).
Woody Allen.- Yo... esto... pues.. lo que acabas de contar requiere (anotando) un profundo estudio, así que anoto y luego analizo ¿no?, mejor, sí, claro. Ahora le toca a (mirando circular)... Olivia continúa por favor.
Olivia Newton John.- Buenas tardes nos dé cualquier dios a todos. Comienzo diciendo que lo mío no sé si era tanto el baile, pero un día con garbo calculado giré pierna, enfundada en tela negra que brilla, y con puntera de pie matador apagué cigarrillo dejando tipos jadeantes por doquier por lo que fuí imitada de por vida, incluso yo a veces me imito a mi misma, creo que esto puede tener algo de narcisismo porque opino que...
Woody Allen.- Olivia, Olivia, criatura las interpretaciones me las dejas a mí ¿o por qué te crees que llevo este cartelito de moderador/psiquiatra/psicoanalista que ni me cabe en mi estrecho pecho?, a ver, a ver continúa ahora....
Mudito.- Mmmm mmmm
Woody Allen.- Mudito, chiquitín tú para el final. Calladito, digo perdón, tú sin emitir sonido inquisitorial. Cenicienta ¿nos haces el honor...?
Cenicienta.- La palabra baile me trae gratos recuerdos pero uysss perdón no he saludado, así que buenas tardecitas tengan todos...
Nancy.- (Interrumpiendo) Nos ha jodido la niña rosa, no te digo...
Woody Allen.- Nancy... esos modales.
Nancy.- ¿Cuálos?.
Woody Allen.- Cenicienta continúa...
Cenicienta.- No si ya acabé, la señorita de negro no me interrumpió porque ya había acabado la historia (Nancy se avalanza para comenzar a estrangularla...), ahh ya recuerdo, perdí un zapato de cristal, a quien me lo prestó debió sentarle muy mal porque cuando regresé a casa me cortó ese pie diciendo "zorra has perdido el zapato que te presté pues yo te cortó este pie" jadeando logré hacerme un tornique con tan terribles resultados que ya no tengo pierna, el principe me abandonó por alguien de dos, piernas claro, y por eso estoy aquí, creo.
Nancy.- ¿La mato o alguien que se me adelante?
Woody Allen.- ¡Nancy! basta de violencia (lo hago yo), ahora le toca a... ¿Billy?
Billy Elliot.- ¿Yo?, mejor lo muestro (y comienza el chaval a bailar y Nancy ha de ser sujetada pues presta se acerca al cuello de dicho chaval)
Tras dos horas de ininterrumpido baile el chaval jadeante toma asiento.
Billy Elliot.- Ya, jadeante estoy (sonríe, sudado y sin aliento, jadeante, como dije antes)
Woody Allen.- En fin... esto es lo que tienen los manuales... uhmmm continúa... Jezabel.
Jezabel.- Mi historia gira en torno a un baile, pero sin jadeo todo pulcro pues ni las lenguas rozaban otras lenguas, un baile blanco que yo hice rojo, que ustedes negro vieron. Por costumbre me abandonaron y por amor protegí la vida de mi amado. Woody no se te ocurra analizar lo que atrás dije, he dicho, pues es mi historia, mi vida.
Woody Allen.- (Mudito él ahora). Tengamos el honor de escuchar a... Julieta.
En estás que atención presta la Condesa Bathory y relame labios mirando encandilada a la joven que ruborizada comienza su alocución.
Julieta.- Yo, yo busco a Romeo, en Verona viví un apasionado romance. Antíguas rivalidades de poderosas familias hicieron que nuestro encuentro tornara en tragedia, más en baile le conocí, si de eso el tema trata, entre máscaras al son de músicas, y entre jadeos prometimos amor eterno y lo mantuvimos, por eso, yo, yo le busco ¿alguien que me de razón de él, Romeo es?
Condesa Bathory.- Bah, niña me acompañas tras acabar que yo con él he de dar. Mantén esas mejillas en tono rosado que tu sangre yo veo como roza piel que luego ruboriza. Niña, tú me acompañas y yo te muestro.
Woody Allen.- Por fin despertó condesa, pero no me revolucione el patio y me lo megüe y deje de mirarla así que va a estallar la pobre, de rubor. Por cierto, ¿no tiene usted baile alguno condesa?.
Condesa Bathory.- ¿Baile dice? Miles tuve, de todas clases de todos sabores, miles de baños tras ellos tomé. Mengüé aldeas, poblaciones y de jadeos me sacié. ¿Baile dice?. (A Julieta) Niña, tú ven que a tu amado buscaré (y le lanza mano acompañadora).
Woody Allen.- Ayyy... por último Nancy, cuéntanos algo.
Nancy.- No.
Woody Allen.- En fin... fin por hoy. Mañana me uniré al grupo de ustedes y yo también contaré. Yo desisto.
Mudito.- Mmmm mmm mmm mmmmmmm
Woody Allen.- Mudito, mañana, mañana.

And the winner is... lunes, octubre 03, 2005 |

Gané un viaje a ningún sitio, sin pasajes, sin vuelo, sin ruta, pero con llegada al punto de partida. Ideé un movimiento incesante de tripas -ya sentido- sin control admitido, pero éstas acabaron en ahogo -ya sentido-, rebelándose y estrangulándose. Blanqueé azulejos opacos -por distracción- y ensanché calles a empujones y patadas -por sensatez-. Asentí negando de lado a lado cuando nadie/no me veía. Achiqué y dignifiqué un pequeño lugar, metafísicamente invulnerable éste, pero perdí razón del lugar y nunca más lo hallé. Descoloqué el orden. Y me di por vencida cuando me ponían los laureles y me dieron como premio un viaje, a ningún sitio.