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lunes, febrero 11, 2008 |

El centro de gravedad de mi bota izquierda sufre de trastornos paranoides.

Cada mañana, hacia su mitad, me dirijo con cierta impasibilidad de ánimo a la cafetería del centro, esquina calle Ryan, allí donde me sirven el café solo doble más largo del mundo. De estilo moderno, combinando metales grises y maderas obscuras, de líneas rectas y suaves, adornado con multitud de fotografías en blanco y negro, acogedor pero de paso breve de desconocidos, ese lugar es. Posee un ventanal de enormísimas dimensiones, en línea recta frente a él están situadas las mesas y sillas, si hay suerte la mesa de la esquina está vacía, esa que te deja esconder la mitad del cuerpo tras la pared pero que permite observar sin ningún recato el mundo a través de ese enorme ventanal. Mientras me acomodo en la silla de la mesa de la esquina el camarero se acerca con su lento caminar con mi café extremadamente largo y deliciosamente caliente, de una forma delicada meto en mis orejas unos auriculares donde Chet Baker interpreta Misty y es entonces cuando el mundo se para y se torna en blanco y negro y observo desde mi hueco a aquellos que caminan por la calle, malhumorados, sonrientes sabedores del mundo ante ellos, tristones de por vida, alegres inconscientes... van y vienen. Y ante mi café con Chet Baker es todo tan fácil que cuesta una vida volver al resto del día.
Este ritual, que se mantiene en el tiempo, estuvo a punto de ser catastrófico un día de la semana pasada cuando sin callar a Chet Baker me disponía a abandonar tan plácido lugar y mi bota izquierda, de afilada punta y tacón finísimo y largo cuan permitido es, se tambaleó dando al traste con mi intención de ir erguida lo que hizo que diera tres traspiés tres que dieron como resultado el empotramiento de mi cabeza en el costado de alguien al que, en un principio, sólo alcancé a ver sus zapatos. Recuperada la posición en la que se anda intenté disculparme al que el cabezazo di, y al levantar la vista allí estaba Él, tan prendada quedé que se me olvidó eso de juntar letras para hacer sílabas para hacer palabras para hacer frases mientras Él a media sonrisa decía "¿Sueles placar al salir de las cafeterías o tienes algo contra mí que he olvidado?". De espaldas y sin poder dejar de mirarle marché.
Desde entonces tenemos la relación esperada más perfecta que se pueda imaginar, pues cada día en esa cafetería me regala la mejor de sus sonrisas con la que se me alegra el alma y aunque olvide eso de comunicarme mediante el lenguaje bebo café y escucho a Chet Baker interpretando Misty.

domingo, octubre 07, 2007 |

El cuento del avestruz Marcos.

Érase una vez que se era un avestruz cuyo nombre era Marcos. Era éste de hermoso plumaje, largas y torneadas piernas y de unos ojos tan grandes e inmensos que le hacían ser el avestruz con los ojos más grandes e inmensos que jamás existió. A pesar de ello no eran sus ojos lo más notorio de Marcos pues contaba éste con un cuello tan cortito que casi juntábanse cabeza y cuerpo.

Un día que quejoso correteaba Marcos por las verdes praderas, tanto que sus lamentos podían oírse así en las Antípodas como en Teruel, encontrose con doña Urraca, y así habláronse:

- Dime sonoro Avestruz ¿por qué demonios lanzas tan terribles lamentos que no dejaronme dormir?.
- Ayyyyy, Ayyyyy…..-para en seco y desconcertado dice- ¿no será usted Doña Urraca o a mí me lo parece?.
- Parécete bien.
- Y dígame qué hace aquí, en mitad de mi pradera, y… qué hace en este tiempo.
- Si he de ser franca tan extraño es para mí como para ti, imagino, gritón avestruz, que la que esto escribe ahora va y me rescata, pero pronto acaba… la historia, pues sueño, creo que ella tiene, y ahora dime a qué vienen esos lamentos, pues si lastimado estás yo cura doy, pero si es por divertimento estos alaridos prometo… –gesticula con manos y rostro- alargar tu cuellos hasta que ni sostenerlo puedas.
- Ay pues gran favor me haría señora doña, pues mire que en difícil tesitura me hallo, triste acongojado afligido angustiado… gritón como antes me vio.
- Acorte ave, acorte… que la cabeza me estalla con tanta parrafada, diga…
- Digo, señora, que, y remontándome lo menos posible, los de mi especie asustones somos, solución dieron mis antepasados escondiendo la cabeza en la tierra, no ver es no temer. Continuaría yo la tradición sino fuera por mi problema, que si bien no me afea, si me limita en mi temor. Mire usted, doña señora, yo que me asusto, y al esconder cabeza he de agacharme tanto tanto tanto que dejo mis lindas posaderas blandiéndose pudorosas.
- ¿Y…? –díjole ella con acto atroz de ahogarle cuello.
- Pues señora que cuando agáchome temeroso soy poseido de forma posesiva.. ¿usted me entiende?.. poseido, posaderas….
- Ya, ya….
- Y esa es mi tesitura, agáchome y escondo cabeza si miedo tengo y me expongo a una posesión cuando menos posesiva o guardo posaderas y muero de un ataque a este corazón, si me pinchas no ves que sangro, ser o no ser poseido, con cien cañones…
- Ay que te arranco el cuello y zanjo problema si sigues hablando.
- Pues deme solución o esta que escribe no pone fin al escribir. Dígame ¿qué hago?.
- Déjame pensar –y por la pradera paseó y a él avestruz volvió- jodido en ambos casos te hallas, tanto si escondes cabeza pelona como si no, pues en un caso poseído eres y en el otro de miedo mueres, pues por qué no esconder tus lindas posaderas en el primer agujero que encuentres cuando sientas miedo y con tus plumas tus ojos tapar.

El avestruz asintió y de alegría se emocionó. Y así, ambos dos se dieron la mano/pluma en señal de despedida deseando no volver a encontrarse.

miércoles, agosto 01, 2007 |

Suelo discurrir tanto, que no escurrir, cualquier pensamiento que acaba tan escurrido, que no discurrido, que se transforma automáticamente en algo insustacial y sin sentido; por lo tanto...
10 consejos ante la pérdida accidental o no de un útero.
1. Realizar con extrema urgencia una pegada de carteles cuya leyenda sea SE BUSCA VIVO O VIVO con una ¿foto? -o dibujo- más o menos fidedigno del objeto perdido.
2. Hacerse otro de ganchillo en forma de cúpula. A modo de apósitos, en dos zonas equidistantes de la circunferencia de la cúpula, se colocarán dos hilitos de cadeneta, servirán éstos para facilitar se retirada. Nunca se sabe con cuánta frecuencia cambian las modas de las cúpulas uteriles de ganchillo.
3. Confeccionar una de poliuretano. Exiten en el mercado multitud de kits de facilísimo montaje e instrucciones en chino mandarín. Divertido a la par que instructivo.
4. Dar una base fina de arcilla al hueco del útero. Una vez endurecida ésta se podrá decorar al gusto de la contenedora. Pudierase, a bote pronto, realizar unas pintadas rupestres al estilo de Altamira, amortizando gastos con visitas guiadas a su interior para, por un módico precio, contemplar dichas pinturas. También está la vertiente Capilla Sixtina, aunque de más difícil elaboración resulta de un acabado preciosista a la par que elegante y distinguido, recomendables también son las visitas con guía instruido y linterna en mano, y con tacto, mucho tacto. Queda terminantemente prohibido la realización de graffitis o la pegada de carteles resultando responsable la empresa anunciadora.
5. Si dentro de veinte años Spielberg se decide a rodar la quinta parte de Indiana Jones alquilarle la cavidad del desaparecido útero. Como título bien valdría un "En busca del útero perdido". Sólo permitir el alquiler en caso de ser interpretada por Harrison Ford, nunca se sabe a quién mete uno en su útero, o en su cavidad.
6. Utilizarlo como caja de seguridad para guardar joyas u objetos de valor, fuera del alcance de los cacos y gente de mal vivir. También se podrá dejar reposar el alma cual spa recuperador y reparador, fuera del alcance de.... gente de mal vivir.
7. En caso, no recomendable, de dedicarse al contrabando... por ejemplo de alfileres pues.... eso. Decorar, recomendable, con materiales acolchados.
8. Construir una primorosa bodega, las condiciones de humedad y temperatura son inmejorables. Los caldos allí almacenados son dignos del más exigente de los gourmets.
9. Forrar con una tela blanca aplasticada. Se podrán proyectar películas, documentales... el visionado de una película en tales condiciones será una experiencia única e irresistible.
10. Con una puerta y siete cerrojos se podrán poner bajo llave todos los discos de vinilo que nos queden en casa, fruta de temporada, ordenadores obsoletos, equipos de música gigantes, desplegables de Elvis Vive,videos de cintas con grosores interminables, libros de texto de bup, jarapas, ventiladores en invierno, radiadores en verano, apuntes de Derecho del Trabajo que aún conservo, zapatos de otras temporadas de los cuales nunda deberiamos desprendernos, toallas y sombrillas playeras, hombreras, nuestra primera enciclopedia chispas, jefes de escalafón superior, cualquier complemento dorado, lycra, fotos y escritos de ex, recuerdos imborrables para que se puedan volver borrables... y un sin fin de objetos que nos harán la vida más llevadera.
Y ¡qué coño -nunca mejor dicho- cualquier cosa que susceptible de ser guardada!.

sábado, junio 16, 2007 |

descarnada, en minúsculas iniciando.
Fallecí un día en que el sol más naranja jamás conocido no hacía más que extender sus brazos de vistosos y trágicos colores amenazando en esconderse pusilánime y altivo. En su retirada miraba éste desde el horizonte sabiéndose dueño del amanecer siguiente y del otro y del que estaba por llegar.

Hallábame sonriente tentada de tocar ese atardecer apoyada sinuosa sobre una barandilla cuando sin más me precipité al vacío, vacío que en cuestión de segundos fue ocupado por un trailer de lona perdida, en mi precipitar pude comprobar que la carga de éste estaba compuesta por miles de millones de trillones de algodones, mi tranquilidad ante la inevitable caída se hizo minúscula cuando al impacto le siguió un clavar de alfileres recién afiladas. Más tarde, ya fallecida yo, descubrí que entre los algodones se ocultaban un mar infinito de alfileres de contrabando. Miles de millones de trillones de clavadas después morí de mortal necesidad.

Tras la fatal muerte y un funeral tan bonito como ese atardecer, anduve un tiempo descreída, descorazonada e incluso descarnada. Levité perdida.

No ví luz que me guiase. Mi desesperación empezaba a apoderarse de mí cuando en la nada divisé un ser que hacía mí se dirigía, achiné ojos buscándole llaves, a manos sueltas iba él. Y así habló cuando los labios despegó:

- Ser fallecido ¿a qué te dedicas pues?.
- Pues estaba en una barandilla cuando… ¿iré al cielo?.
- Siempre igual, los recién llegados nunca cambiareis. Elige dedicación, di.
- Pero ¿quién eres?, ¿dónde estoy?.
- Eres, eres una fallecida. Y yo, yo soy D.W. Griffith, famoso antaño y...
- Ya, ya… pero….

Tras una larga conversación en la que no puedo precisar el tiempo, pues aquí no existe, elegí dedicación. Erizado se le puso el pelo a Griffith y se pellizcaba mientras se alejaba balbuceando “collejera, collejera… grrrrrr una fallecida que se quiere dedicar la eternidad dando collejas”.

Pues eso, collejas. Ya blandía puño cuando seguía oyendo renegar al Griffith profiriendo palabras malsonantes“tremenda fallecida esta que quiere total exclusividad, pues será sólo una persona la receptora de sus collejas”.

Precioso traje blanco inmaculado, toneladas de blanco y triste maquillaje, ojeras rojas como la sangre que derramé y el alma en un puño y… colleja mañanera que le despierte a él, colleja acompañante al baño para él, colleja con rabia de golpe seco cuando se expresa él, colleja con la más tremenda de las penas en su espejo…. tengo la eternidad, de hecho, estoy instalada en ella. Pues eso, collejas.

miércoles, abril 25, 2007 |

Descargo o lo que sé de cuando no me quiso.

Este sitio nunca se ha caracterizado por una exposición de la que suscribe en exceso personal. A pesar de ello, en cada escrito hay un sinfín de pinceladas tan personales e íntimas que si tuviera constancia de su trascedencia, y entendederas hacia el que lee, mandaría el susodicho sitio a tomar por ambas nalgas. El motivo, por intranscendente, nace muerto. Me dispongo, pues, a hacer una salvedad a todo lo anteriormente relatado y a hacer una introspección mismamente hacia mis adentros y referir, ya puestos, a por qué sigo sin tener facilidad para el respirado de aire o por qué el nudo en la garganta persiste en su anudamiento. La causa, en última instancia y sabedora yo de ello, es el enamoramiento de vientre, vulgarmente conocido como de tripas. Si bien los enamoramientos de sesera, corazón, alma... incluso los de manos no sufren, en la mayoría de los casos, lesiones duraderas y de irreversibles resultados; no ocurre así en el caso de los enamoramientos de tripas, pues estos persisten en el daño causado a lo largo del tiempo, visible en el hecho devastador de que hay días en que el estómago continúa batiendo caprichoso tripas, sin orden ni mesura.

Introspeccionándome me hallaba cuando...

decidí cerrar ojos y esperar ser sumida en un sueño tranquilizador. Ocurre -y esto cuenta como inciso explicador- que en la necesidad de ingerir líquido encontré cierto placer al beber Font Vella con sabor limón, no ocurriendo así con el agua mineral a secas que me aburría tanto que dejé de tomarla. Ocurre -igualmente como inciso explicador- que a lo largo de la noche me despierto en varias ocasiones sedienta de este líquido. Ocurre -ya sin ser inciso explicador, sino arranque de la historia verdadera- que me acomodé en la duermevela, caliente, estirada... y en la media vuelta conciliadora me di de bruces con con un ser de escasos centímetros con un cierto y preocupante parecido a James Brolin que me dijo así:

- Pide un deseo mujer gigante.

- ¿Tres? -dije yo.

- No, mujer sorda, uno, pide uno y no te pases de listilla o te quedas sin deseo.

Instalada y creyente yo en mi sueño, le pedí agua mineral Font Vella con sabor a limón y por si colaba le pedí que ésta me fuera dada sin necesidad de levantarme a media noche. Ya imaginaba yo el vaso a escasos centímetros de mi sedienta boca siempre que ese fuera mi deseo. Sí, eso deseaba.

Al despertar con ese maravilloso sonido del despertador taladrante de sienes me introspeccioné por esto de mis sueños absurdos. Nada más lejano a la triste realidad, pues estando frente al espejo que me devuelve mi bello rostro pude comprobar que en mitad de mi frente se hallaba un grifo de cobre estilo rococó. Me quedé inmóvil, absorta, estupefacta, imbécil... abrí el grifo y de él brotaba la más abundante y fresca agua con sabor a limón Font Vella. Los hechos que sucedieron a continuación serán imaginables y cuando menos entendibles por todos, sin flequillo tapador aquel grifo en mi frente era más visible que la contenedora, yo.

Nunca tengo sed. Mis amigos se me disputan en excursiones, viajes, salidas...

Esto es lo que sé de cuando no me quiso.






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