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El centro de gravedad de mi bota izquierda sufre de trastornos paranoides.

Cada mañana, hacia su mitad, me dirijo con cierta impasibilidad de ánimo a la cafetería del centro, esquina calle Ryan, allí donde me sirven el café solo doble más largo del mundo. De estilo moderno, combinando metales grises y maderas obscuras, de líneas rectas y suaves, adornado con multitud de fotografías en blanco y negro, acogedor pero de paso breve de desconocidos, ese lugar es. Posee un ventanal de enormísimas dimensiones, en línea recta frente a él están situadas las mesas y sillas, si hay suerte la mesa de la esquina está vacía, esa que te deja esconder la mitad del cuerpo tras la pared pero que permite observar sin ningún recato el mundo a través de ese enorme ventanal. Mientras me acomodo en la silla de la mesa de la esquina el camarero se acerca con su lento caminar con mi café extremadamente largo y deliciosamente caliente, de una forma delicada meto en mis orejas unos auriculares donde Chet Baker interpreta Misty y es entonces cuando el mundo se para y se torna en blanco y negro y observo desde mi hueco a aquellos que caminan por la calle, malhumorados, sonrientes sabedores del mundo ante ellos, tristones de por vida, alegres inconscientes... van y vienen. Y ante mi café con Chet Baker es todo tan fácil que cuesta una vida volver al resto del día.
Este ritual, que se mantiene en el tiempo, estuvo a punto de ser catastrófico un día de la semana pasada cuando sin callar a Chet Baker me disponía a abandonar tan plácido lugar y mi bota izquierda, de afilada punta y tacón finísimo y largo cuan permitido es, se tambaleó dando al traste con mi intención de ir erguida lo que hizo que diera tres traspiés tres que dieron como resultado el empotramiento de mi cabeza en el costado de alguien al que, en un principio, sólo alcancé a ver sus zapatos. Recuperada la posición en la que se anda intenté disculparme al que el cabezazo di, y al levantar la vista allí estaba Él, tan prendada quedé que se me olvidó eso de juntar letras para hacer sílabas para hacer palabras para hacer frases mientras Él a media sonrisa decía "¿Sueles placar al salir de las cafeterías o tienes algo contra mí que he olvidado?". De espaldas y sin poder dejar de mirarle marché.
Desde entonces tenemos la relación esperada más perfecta que se pueda imaginar, pues cada día en esa cafetería me regala la mejor de sus sonrisas con la que se me alegra el alma y aunque olvide eso de comunicarme mediante el lenguaje bebo café y escucho a Chet Baker interpretando Misty.

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  • Blogger Joseph Cartaphilus says so:
    12 febrero, 2008 16:57  

    Yo quiero, yo quiero, yo quiero ir a ese café.

    Se me olvidaba presentarme. Soy Joseph Cartaphilus. Un amigo de usted me hablo excelencias de sus andares en el teclado. Un tal Zifnab a la sazón mago desaparecido. Me pide que le disculpe su abandono, pero quiere que sepa que todo es consecuencia de un abandono propio.

    Poco más me queda por decir.

    Que le debo una botella, quizás

    Dichosos mensajes top

  • Blogger martin says so:
    08 abril, 2008 17:54  

    Es una mezcla de momento rexona mezclado con el gag de Pepe Viyuela de la silla, todo en blanco y negro, y con mucha clase. Aplaudo, que conste. top

  • Blogger Isthar says so:
    08 julio, 2008 13:00  

    Cuando uno pierde el centro de gravedad descubre que no todo se aprende estando erguida, hay sorpresas más allá, algunas incluso en forma de sonrisa.

    Espero que sigas escribiendo, sería una pena perderse unas frases como las tuyas, aunque a veces no encuentres las letras para hacer sílabas para hacer palabras ;)

    Un abrazo increíblemente grande y sincero. top